martes, 16 de marzo de 2010

El exilio de Helena (ensayo, 1948)




El Mediterráneo tiene un sentido trágico solar, que no es el mismo que el de las brumas. Ciertos atardeceres-- en el mar, al pie de las montañas--, cae la noche sobre la curva perfecta de una pequeña bahía y, desde las aguas silenciosas, sube entonces una plenitud angustiada. En esos lugares se puede comprender que si los griegos han tocado la desesperación ha sido siempre a través de la belleza y de lo que ésta tiene de opresivo. En esa dorada desdicha culmina la tragedia. Nuestra época, por el contrario, ha alimentado su desesperación en la fealdad y en las convulsiones. Y por esa razón, Europa sería innoble, si el dolor pudiera serlo alguna vez. (...)


Albert Camus, El verano, Alianza Cien.

lunes, 15 de marzo de 2010

Brise marine, de Stéphane Mallarmé



(...) ¡Un Tedio, desolado por crueles esperanzas,
Cree aún al supremo adiós de los pañuelos!
Y, quizás, los mástiles, invitando a las borrascas
Son los que un viento inclina sobre los naufragios
Perdidos, sin mástiles, sin mástiles, ni fértiles islotes...
¡Pero, oh corazón mío, escucha el canto de los marineros! (...)

Por Juan Carlos Sánchez Sottosanto

domingo, 14 de marzo de 2010

Pándemica y Celeste



"Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen."



Jaime Gil de Biedma

sábado, 13 de marzo de 2010

You do something to me



viernes, 12 de marzo de 2010

CITA



"La novela es un intento de exploración del corazón humano a partir de una idea que es casi siempre la misma contada con diferente entorno."


Miguel Delibes.

HAIKU



“Esta brumosa mañana de invierno
no desprecies la joya verde entre las ramas
sólo porque es la luz del semáforo”.

Paul Auster.

jueves, 11 de marzo de 2010

El viaje




(...) Una mañana partimos, la cabeza en llamas,
el corazón hinchado de rencor y amargos deseos,
y vamos, al ritmo de las olas,
meciendo nuestro infinito sobre lo finito de los mares:

unos, felices de huir de una patria infame;
otros, del horror de sus cunas, y otros,
astrólogos ahogados en los ojos de una mujer,
la tiránica Circe de perfumes peligrosos. (...)


Charles Baudelaire. (1821-1867)