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martes, 2 de agosto de 2011

Revolución



La repolitización es una revolución.


Creo que básicamente habría que tratar de responder a tres preguntas:¿El movimiento 15-M,es una revolución?

Obviamente no lo es: ni ha transformado el sistema ni derrocado un gobierno; ni siquiera ha producido una verdadera confrontación. Y sin embargo, hay contextos históricos en los que el único cambio al que se puede aspirar -y es enorme- es al muy sencillo e inesperado de que ocurra algo. Un milagro es simplemente un hecho que se produce, no contra las leyes de la naturaleza, sino contra las expectativas de la gente y, en este caso, contra la no-esperanza de la gente. El hecho de que no sea ni la derecha ni la Iglesia la que tome las calles, como venía ocurriendo en los últimos años, el hecho de que “demócratas salvajes” se apoderen de las plazas y las conviertan en centros de alfabetización política, es un suceso tan pequeño en sí mismo, tan grande en su contexto, que podemos decir de un modo muy preciso que es la casi-nada en la que empieza -o puede empezar- todo. Y desde el punto de vista subjetivo, hay algo muy sintomático: no es una revolución pero sus protagonistas hablan públicamente de revolución, un término confinado en los libros de historia y en el lenguaje publicitario. La repolitización es una revolución; así lo viven los manifestantes. Y los nombres también introducen cambios, al menos a nivel de la conciencia.



Santiago Alba Rico

lunes, 28 de junio de 2010

¡Viva el Mal! ¡Viva el Capital!



(...) En 1972, el escritor Jonathan Swift escribía en su Proyecto orientado a evitar que en Irlanda los hijos de los pobres sean una molestia para sus padres o para su país; y orientado a conseguir que se conviertan en un beneficio público, en el que se proponía convertir a los niños de los pobres en alimento de las clases más afortunadas: "De un niño se pueden sacar dos platos para un banquete entre amigos, y si la familia come sola, la pechuga y la pata son suficiente plato, y aderezados con un poco de sal y pimienta y hervidos, pueden estar muy sabrosos al cuarto día, sobre todo en invierno". Eran mejores tiempos y la broma y la exageración podían todavía llevar la luz a las conciencias. Si yo hoy escribiese todavía mis "Electroduendes" y la Bruja Avería pidiese en uno de los guiones liofilizar a los niños de Somalia o del sur del Súdan para venderlos como dieta alimenticia baja en calorías para las anoréxicas adolescentes
de nuestras discotecas, no puedo estar seguro de que se no se haya hecho ya o de que no se esté haciendo. Pero -y esto es lo peor- ya no puedo estar seguro de que se tome a broma. Las bolitas de mercurio que vuelven a la Historia fundidas por la crisis pueden leerlo como una propuesta o incluso como una consigna. Los "humaritarista", por su parte, pueden reprocharme un inconsciente racista. La broma, quién sabe, puede acabar siendo votada por el Consejo de Seguridad de la ONU... (...)

(...) Un mundo en crisis es un mundo que no se deja caricaturizar. (...)

Santiago Alba Rico, fragmento de su libro "¡Viva el Mal! ¡Viva el Capital!".